¿Golpe de suerte o de muerte?

miércoles, 29 de julio de 2009

¿Pues qué diré?..... Todo evento siempre tiene un principio, y este comenzó así:

Era uno de esos días en los que no se quiere hacer nada, en que las personas cansan y aburren y sólo se espera o morirse o terminar el día de una vez por todas.
Lahel caminaba lentamente por la acera de aquella ciudad, lentamente, acababa de salir de sus clases de la universidad, eran ya las 7 de la noche, odiaba por sobre todo aquellos horarios.
“Como no está de mal la situación-pensaba- y aun así me hacen venir a estas estúpidas horas, como si viviéramos con un policía a la par…..”
Recordaba los comentarios de sus compañeros de clase, y se sentía peor cada instante, lo aburrían de sobremanera, cada paso le daba más pereza, y en su ruta habitual hacia la parada estaba este pequeño “parque”, una excusa de parque, casi sin árboles y un kiosco, para darle un aire de libertad a la gente de aquella contaminada ciudad.
Como estaba de un humor pésimo, se sentó en una de las bancas de aquel parque, colocó su codo en uno de los brazos de la banca y apoyó su cabeza en su puño, suspirando sin razón alguna, solo no quería hacer nada.
“No sé que sigo haciendo aquí, yo en vez de estar estudiando tonteras debería estar gobernado algún país, o haciendo del mundo algo mejor-seguía murmurando en su cabeza-, y lo peor de todo es esa gente, que se creen tan buenos, y no se dan cuenta que no son más que uno más del montón, si acaso uno de toda esa gente va a hacer algo con su vida, los demás, trabajarán hasta viejos y se morirán, con satisfacciones como hijos, un matrimonio y esas tonteras del amor.”
Una leve sonrisa se le escapó. Era algo frío y nunca había logrado sentir esa emoción que la gente llama amor, por lo que nunca lograba comprender las “estupideces” (o al menos así les decía) que las personas solían hacer por ese “amor”.
“Ya voy por los veinte años-decía en voz baja mientras miraba uno de los añillos en su mano derecha- y no he hecho nada grande con mi vida, me siento tan inútil….”
Habían pasado ya 15 minutos, tenía un poco de frío, y se disponía a irse, cuando por la misma acera apareció de repente un hombre de mediana edad, vestido con un traje entero negro, pero algo desgastado; con un aspecto algo parecido a los drogadictos que frecuentaban aquellos lugares, pero algo era diferente, su caminar era lento, como arrastrando una pierna, sus ropas parecían de “piedrero”, pero su rostro no, a pesar de estar algo despeinado y sucio. Nadie le prestaba atención, a ningún peatón parecía importarle. La gente con el tiempo se ha vuelto un poco resistente a esas imágenes, y ya no sienten casi nada; lo mismo le pasó a los romanos con su coliseo, lo veían “normal”.
Al verlo caminar, Lahel se dijo a sí mismo:
“Que triste, ese no lo había visto por aquí, ojala uno pudiera hacer algo por esa gente”
Al ver que se acercaba, su postura cambió, se irguió en una actitud defensiva. “Ay no, solo eso me faltaba, viene para acá…………”
Como solía pasar cuando un indigente se le acercaba, su pulso se aceleró un poco, algo de “sana paranoia”. La noche no dejaba ver mucho de aquella figura extraña, pero al momento, alzó la vista y dijo:
“Disculpá, yo se que creés que soy un piedro o algo así, pero no es eso (sobretodo………-se decía Lahel a sí mismo), es que me pasó algo y necesito dinero para irme en taxi….”
“Se puede ir muriendo este viejo-pensó Lahel- Fijo me va a pedir una millonada de plata, como todos”
“Es poco lo que necesito son como dos mil, de verdad ocupo irme y no tengo con qué”-argumentó el hombre.
La idea no le fue nada agradable al joven.
Iba a decir la típica disculpa para evitar tener que darle dinero, cuando al voltear para verlo bien, notó como un tenue reflejo en su mano. “Sangre”-pensó. Antes de que pudiera pensar otra cosa, vio que el líquido fluía de su pierna, parecía que de otros lados de su cuerpo también, pero no lo lograba apreciar por la oscuridad y el traje negro.
Lahel se puso de pie diciendo: “Señor, pero usted como unas heridas ahí!”
“Je je-sonrió el hombre- sí, pero solo ocupo un taxi”
“Vea señor, espérese y llamo a una ambulancia!”
“Di supongo que sería mejor ja ja ja……” El hombre se sentó en la banca.
Lahel comenzó a hacer la llamada un poco alarmado, pero sólo pensaba en cómo hacer algo por aquel hombre tan extraño, y él mismo sabía que las ambulancias tardaban horas en aparecer sin importar la emergencia.
“Buenas, 911”
“Disculpe hay un hombre herido, es de estatura media, cabello rubio, parece como extranjero”
“¿En qué condición se encuentra? ¿Está consciente? ¿Puede decirme la ubicación exacta?”
“Si vea estoy en….”-la llamada continuo por unos minutos y Lahel dio todas las descripciones del caso.
Luego de algunos minutos (para sorpresa del mismo Lahel), llegó la ambulancia, Atendió a aquel hombre. Cuando metían al hombre en la camilla a la ambulancia, este preguntó: “ Di muchacho, me podrías decir tu nombre para darte las gracias, por lo menos”
El muchacho sonrió de forma nerviosa y sin pensarlo dijo: “Lahel Speroza”
Cerraron los paramédicos las puertas de la ambulancia y se dirigieron a un hospital. A Lahel le quedaba la sensación que había hecho algo bueno, pero le mortificaba pensar que pensó en darle una tonta excusa e irse.
“Jaja, mirá, le tocó buena suerte, las ambulancias casi nunca llegan tan rápido”-se dijo para cambiar un poco de tema.
Cuando tomó conciencia de su entorno, vió una turba de gente alrededor, la prensa aún no había llegado, por ende, pensó en salir de ahí, también por la hora, ya eran casi las 7:40. Se hizo espacio entre la gente que se había congregado a fisgonear y pensaba:
“Qué gente más inútil, nadie hizo nada por ese señor, pero vino una ambulancia y ahí sí” Inmediatamente recordó que el casi hizo lo mismo y sintió un leve escalofrío.
Una vez montado en el bus de costumbre, se fue una vez más en sus pensamientos, recordando los giros que dio su día.
Al llegar a su casa contó a su madre lo sucedido.
Pasó así ese día, y al día siguiente Lahel despertó temprano como de costumbre. Aún en su cama se incorporó y recordó lo que había pasado, confundiéndolo un instante con un sueño. Pero pronto recordó que fue todo real. Se sorprendió de no ver ninguna noticia sobre el hecho de la noche anterior en el periódico. Pero no podía detenerse a pensar en ese momento, tenía clases ese día, por lo que en el apuro olvidó lo acontecido.
Así pasó más o menos semana y media, sin ninguna novedad, con la misma pereza y la monotonía de siempre. Iba regreso a su casa de un curso de la mañana, no veía la hora de regresar a su amada casa, donde se sentía feliz, a diferencia de en la universidad y con su grupo de compañeros.
Caminaba por la acera de siempre y aún sumido en sus pensamientos, un carro blanco se puso a su lado.
No lo notó, pero de repente sintió algo en su cuello. Al llevarse la mano al lugar donde sentía esa sensación extraña, todo se puso oscuro de repente, no podía pensar bien, un mareo extraño, vio unas sombras que se bajaban de el auto ahora apenas visible, y cayó inconsciente.
Al despertar se encontraba en una silla, la luz que entraba en ese lugar hacía que le doliera abrir los ojos. Pudo percibir como un cuarto con cortinas grandes que se movían con la brisa que entraba por las ventanas. Al intentar ver un poco mas vio que el cuarto era muy lujoso, parecía una suite de algún hotel, con ventanales enormes. Al ver un poco mas alrededor, observó una mesa pequeña, varios asientos, floreros y a un hombre de traje entero frente a una puerta.
Escuchó que el hombre decía algo, pero aún no se sentía muy bien. Vio que esta persona abría la puerta y alguien más entraba, la figura le resultaba muy parecida, vestía un traje entero negro y cojeaba.
“Perdón por la forma tan cruel de traerte, pero como podés ver, estoy un poco mal aún por las mismas razones por las que nos encontramos aquel día”-la extraña pero familiar figura hablaba tranquilamente, pero para el joven era como si gritara.
Lahel apenas podía hablar, todo le daba vueltas: “Perdón pero… ¿quién es usted? Y ¿Dónde diantres estoy?”
“Cómo medio podés ver, que me imagino aún no te sentís del todo bien, estas en un cuarto en mi casa. Y yo… pues soy el hombre al que le ayudaste la vez pasada. Mi nombre es Lucio Garibaldi”
“¿Y qué quiere? ¿Qué tengo que ver yo?”- aun las palabras de Lahel eran un poco torpes y lo enojaba el hecho de estar ahí “como tonto”.
El hombre se sentó en una silla que estaba aledaña a la del joven-“Voy a ser directo entonces; sos un mocoso y yo no tengo hijos. Desde hace un tiempo he visto la necesidad de buscar un sucesor y no quiero que sean el montón de ratas traicioneras que me dicen que son “fieles”, quiero a alguien que me ayude, y como vos me ayudaste una vez, me encantaría pedirte que me ayudés otra vez”.
Al fin Lahel pudo incorporarse un poco mejor, casi volvía en si por completo.
“Vea-dijo poniéndose una mano en la frente- no le entiendo nada, y ni siquiera sé de qué estamos hablando”
“Uy mirá, tenés razón. André, pedile a Juan que traiga té para el muchacho y para mi-dijo dirigiéndose al hombre de la puerta, notó que era un hombre fornido, muy alto de cabello negro, y volviéndose hacia el joven otra vez dijo- La cosa está así. Soy mitad italiano, y con los años conseguí tener un “pequeño imperio”, digámole. Cuando te vi tomar decisiones ese día, me di cuenta que te parecés a mí, cuando era mucho más joven, OBVIAMENTE.” Reía sonoramente-“Y todavía más claras la cosas: tenés potencial y quiero que seás parte de mi Familia, para que un día seás el Don, o sea que me reemplacés a mi”-dijo con una voz más seria y grave. La mirada de Lucio se volvió aguda y penetrante.
Lahel comenzó a reírse enérgicamente-“Otra vez se lo digo, no le entiendo nada, y si entendí, estoy medio drogado y tal vez medio loco, porque lo que dijo me sonó como un guión del Padrino”
Lucio se puso aún más serio. Levantándose de su asiento, caminó hacia uno de los ventanales y se quedó contemplado lo que estuviese ahí afuera.
“Mirá, te lo estoy diciendo lo más serio que puedo, necesito un sucesor, y por ahora serías como un aprendiz, hasta podés ir ganando un poco de plata, pero eso si necesito compromiso, porque aunque la mafia es un poco divertida, es algo un poco peligroso”.
Un tipo de mayordomo entró en la habitación y puso las tazas y la tetera sobre la mesita.
Una especie de miedo, casi terror, comenzó a brotar en Lahel. “Ma…fi…a” dijo de manera entrecortada y temblorosa. Al fin se sentía en sus cinco sentidos.
No lo podía creer, aquel hombre parecía hablar enserio. Lahel siempre había querido algo así, algo donde tuviera una especie de aventura y un puesto alto, pero la Mafia… Solo podía mirar la taza de té vacía sobre la mesa y no podía sentir más que miedo. Hubo un instante de silencio, mientras el mayordomo salía del cuarto.
“Pero hay algo diferente, nosotros no somos la mafia de siempre, la que mata a medio mundo y se divierte extorsionando, y mucho menos la que reparte droga y protege asesinos-dijo Lucio cortando el silencio de ese momento tan tenso- la de nosotros se conoce como Mafia Bianca, Mafia Blanca. Si lo buscás en internet te van a salir sandeces diferentes a lo que quiero que entendás. Nosotros tenemos todo el poder, influencias, y dinero que queramos, pero somos una especie de “infiltrados” entre las otras familias, somos los que hacemos que el balance se mantenga y que las demás familias no cometan actos delictivos, lejos de aquello a lo que la Mafia normal se ha dedicado siempre: casinos, night clubs y cosas por el estilo. Todo lo que la gente permite por su propio interés, pero si se ponen a matar gente, y en especial gente honesta, o a mover el mundo a su conveniencia; ahí es donde nosotros tenemos que actuar.”- luego de decir esto, Lucio retomó su lugar en el asiento y comenzó a verter el té en las tazas.
Lahel no salía del asombro. Comenzó a divagar en sus palabras “Pero… es que… ay la verdad…”
Inmediatamente Lucio lo interrumpió, tomando la taza de té en sus manos:
“Sé que creés que vas a ver un poco de cosas desagradables y todo, pero es por el bien de la gente. La policía no puede hacer nada, porque muchos de los que gobiernan y están en puestos de la misma policía, de donde sea, son miembros de Familias. Esta es una oportunidad de oro, por favor no la desperdiciés.”
Lucio tomó un sorbo de su té, mientras con el pulso aún tembloroso, Lahel tomó su taza y mirando la superficie del líquido que contenía pensó:
“Ya no hay vuelta atrás, tengo que decir que sí, aunque su justificación no tenga sentido. Dios dame fuerza…”.
Levantó su mano derecha mientras que con la izquierda sostenía la taza, y agarró algo en su pecho, escondido por su camisa, era una cadena con medalla de una santa, que su madre la había regalado. Levantó la vista y mirando fijamente a Lucio dijo con voz clara:
“Está bien, voy a hacer lo que usted quiera Don Lucio”
A Lucio se le dibujó una sonrisa en el rostro, desvió la mirada hacia los ventanales y tomó otro sorbo de su té.


(Supongo que: CONTINUARÁ…)

2 comentarios:

In.. dijo...

Me encanta, estoy facinada con la trama, realmente estoy esperando la continuación.
Que bueno que ya hayas encontrado en que utilizar el blog, por que realmente lo haces muy bien.
Me gusta mucho como escribes!!!
ñ_ñ.

Luis-Atur Inhao Qimih dijo...

Gracias In!!!!!!!!!!! jeje me alegra que te haya gustado, voy a trabajar bastante para seguir contando esta historia!!!!!!!!!

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